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miércoles, 8 de junio de 2016

Etnogeología: Los ojos de la Tierra

Los lugares tienen nombre, los nombres tienen significado, los significados en muchos casos vienen de algo que es notable sobre todo a la vista.
El título lo tomé de un artículo de la Revista "Métode" de la Universidad de Valencia (ver referencias), porque es por demás sugestivo.Recuerdo una anécdota que ya he contado cuando, hace ya varios años, unos colegas del Instituto de Geofísica de la UNAM estaban conversando con un antropólogo (perdón, pero no recuerdo quién). Uno de ellos comentó: "Sería muy bueno poder averiguar si otro de los volcanes de la Sierra Chichinautzin (refiriéndose al Ajusco-Xitle) pudo haber causado daños a algún asentamiento prehispánico", a lo que el antropólogo contestó: "Pues yo creo que sí deben haber habido daños, porque Chichinautzin quiere decir Señor Que Quema¨.
La Toponimia es un rama de la Linguística que nos lleva a recovecos de la Historia, la Antropología y por supuesto de la Geología. Pero también es parte de lo que se conoce como Etnogeología. Según una definición que encontré la Etnogeología es el estudio de cómo entienden las comunidades las características geológicas de un lugar, desde una perspectiva específica a los conocimientos tradicionales y las historias e ideas sobre la Tierra que han sido transmitidos a través de las tradiciones y la sabiduría de los ancianos. Quizá haya alguien que quiera aportar otra definición.
Pero volviendo al artículo al que me refiero al principio, es una exposición muy agradable sobre algunos conceptos Etnogeológicos, en particular la idea Ojo-Fuente. Les transcribo sólo una parte:

De manera similar a los geólogos que interpretan rocas, los lingüistas estudian palabras para recrear formas de pensar de la antigüedad, muchas de las cuales perviven en la actualidad de manera semejante a como lo hacen montañas, fuentes y algunos paisajes; o, en palabras de William Faulkner, «the past is not dead; in fact, it’s not even past»¹. Sí, el pasado y la naturaleza humana laten dentro de las palabras. Y al conocerlas, podremos sentirnos deslumbrados por la sabiduría humana y orgullosos de nuestra humanidad compartida a la par que diversa.

Jaume Climent Soler, Daniel Climent Soler, Daniel Climent Giner nos transportan a diferentes lugares e imágenes y dan una interpretación que no deja de ser poética a algo que en ocasiones pasa desapercibido. Muy recomendable lectura.

Referencias:

Los Ojos de la Tierra, Introducción a la Etnogeología por Jaume Climent Soler, Daniel Climent Soler, Daniel Climent Giner.

Down to Earth With: Ethnogeologist Steven Semken, Earth Magazine

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martes, 24 de noviembre de 2015

Las placas tectónicas pueden ser menos rígidas de lo que se pensaba.

Separación de Ondas S, como evidencia de Anisotropía. Eakin et al, Geosciences Nature 2015.
El proceso de consumir el viejo fondo marino en las zonas de subducción, como sabemos, es impulsado por la circulación en el manto producto de las fuerzas de convección. Uno de los aspectos más importantes pero menos conocidos de este proceso es la fuerza y ​​el comportamiento de las placas oceánicas una vez que se hunden por debajo de la placas continentales.
Los resultados de un estudio reciente, publicado en la revista Nature Geosciences, proporcionan la primera evidencia directa de que las placas en subducción no sólo son más débiles y más suaves que convencionalmente se había previsto, sino que además aportan una mirada el interior de la placa y hace posible presenciar directamente su comportamiento a medida que se sumergen en la astenosfera.
Durante la formación de nuevo fondo oceánico, se extrae olivino del manto, el mineral más abundante de la Tierra. Las moléculas del olivino forman un patrón repetitivo regular, llamado su estructura cristalina. Conforme el material oceánico emerge en las dorsales oceánicas, la estructura cristalina va orientándose en la dirección del crecimiento de la placa. Este movimiento de las placas también fija la estructura cristalina del olivino en su lugar.

Las ondas sísmicas viajan a través de la corteza terrestre a diferentes velocidades (lo que se denomina anisotropía sísmica) dependiendo de la dirección en que viajan a través de la estructura del cristal de olivino, permitiendo a los investigadores entender cómo se deforman las placas de acuerdo a cómo se alínea el cristal de olivino.

Normalmente, el estudio de la estructura de las placas es difícil porque las placas se extienden a gran profundidad en la Tierra. Pero a diferencia de la mayoría de las zonas de subducción, donde las placas se sumergen una por debajo de la otra en un ángulo pronunciado, la placa de Nazca empieza su proceso de subducción por debajo de la de Sud América de forma casi horizontal (algo semejante también ocurre en México entre las placas de Cocos y NorteAmérica). Esto implica que los investigadores del equipo fueron capaces de recrear una imagen de la placa de Nazca hasta por 200 kilómetros, utilizando sismógrafos en la superficie.

De manera inesperada, la velocidad de la onda sísmica les sugirió que en algunos lugares el olivino había cambiado de orientación.
La única explicación para esta nueva orientación es que la placa de Nazca se deforma lo suficiente durante el proceso para "borrar" la orientación original y sustituirla por una nueva. Este descubrimiento implica que las placas tectónicas pueden ser menos rígidos que lo se pensaba. También sugiere que su estructura puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos, geológicamente hablando.

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lunes, 15 de septiembre de 2014

De acuerdo, Leibniz puede ser considerado el padre del Cálculo Infinitesimal, pero...¿el padre de la Geología?

A continuación les hago una reseña de una información extraída de la red, así como algunas ideas propias, sobre el famoso Leibniz.

Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716) es considerado por muchos uno de los grandes intelectos de la historia. Sus aportaciones son muy vastas en los campos de la filosofía, la física, la política, la literatura y, claro, las matemáticas. La obra de Leibniz en matemáticas incluye, entre otras cosas, la combinatoria, el sistema de numeración en base dos (o sistema binario origen de la computación, por cierto), el cálculo infinitesimal y un sistema de lógica matemática fuera de uso. La naturaleza de su pensamiento se puede percibir en un comentario que hizo sobre los números imaginarios: "El número imaginario es un maravilloso y bello recurso del espíritu divino, casi un anfibio entre el ser y el no ser." Por supuesto, la invención del cálculo se mantendrá como la contribución más trascendente de Leibniz para el progreso humano. Leibniz elaboró ​​su versión del cálculo en los tres o cuatro años anteriores a su publicación en 1677. Los símbolos diferenciales, dx y dy, así como el signo de integral se deben a Leibniz. En varios momentos de su carrera Leibniz fundó revistas, instituciones académicas, e inventó dispositivos mecánicos, incluyendo una máquina de calcular (que, en conjunto con el sistema binario podrían darle también atribuciones de paternidad de las Ciencias de Computación).
Sin embargo, no es muy conocido que algunas de sus muchas contribuciones fueron en el campo de la Geología, cuando se desempeñaba como supervisor de operaciones mineras en las montañas de Harz, Alemania. En esos tiempos hizo observaciones sobre la corteza de la Tierra que podrían acreditarlo para ser considerado como fundador de los estudios de Geología. Por ejemplo, él es el primero en haber afirmado que la Tierra era originalmente material fundido. Leibniz plasmó sus ideas en un libro que tituló Protogaea (ya usando el término griego que posteriormente ha sido empleado en nombres como Pangea, etc) editado en Latín de forma póstuma en 1749, donde plasmó observaciones sobre la formación de la tierra, las acciones del fuego y el agua, la génesis de las rocas y los minerales, los orígenes de sales y manantiales, la formación de los fósiles, y su identificación como restos de organismos vivos. Es tan notable la variedad y clasificación de los temas que trata en Protogaea que los incluimos como entrada aparte (INDICE DE PROTOGAEA).
Leibniz escribió el manuscrito entre 1691 y 1693, pero el libro no se publicó hasta 1749, mucho después de su muerte. Sin embargo, en lugar de ser una relación completa de ciencias de la tierra, Protogaea (es posible adquirirlo en las librerías, la imagen superior de la portada correponde a la edición de la University of Chicago Press) es más bien un compendio de observaciones y especulaciones, aunque contiene algunas ideas que sin duda colocan a Leibniz muy por delante de su tiempo (nuevamente los refiero al índice). Hay que considerar que, aunque James Hutton es considerado el padre de la Geología Moderna, ya que sus observaciones dan pie a principios todavía en uso, Hutton nació 10 años después de la muerte de Lebiniz. Durante el siglo XVII, los estudiosos todavía tenían problemas con la definición de un fósil, y esto se complicaba por el hecho de que un fósil podía definirse como cualquier cosa excavada del suelo. Leibniz reconoció los diferentes orígenes de los distintos tipos de "fósiles" y proponía que algunos de ellos bien podrían haberse formado donde fueron encontrados. Cuando se trata de los objetos que definimos como fósiles hoy en día, es decir, evidencias de organismos vivos en tiempos pasados, el punto de vista de Leibniz fue cambiando con el tiempo. Al principio, él fue influenciado por el erudito jesuita Athanasius Kircher, quien sugirió que los fósiles, a veces (no siempre), son el resultado de "bromas de la naturaleza." De hecho, los escritos de Kircher tuvieron una profunda influencia en el joven Leibniz, quien envió una aduladora correspondencia al sacerdote. Al paso de los años, sin embargo, Leibniz empezó a ridiculizar a su antiguo ídolo. A pesar de esto, algunos historiadores modernos afirman que de gran parte de las constribuciones de Leibniz pueden estar inspiradas en la obra de Kircher. Más tarde, Leibniz tuvo una gran admiración por el historiador natural Niels Stensen o Nicolaus Steno (cuya eventual decisión de entrar en el clero fue una gran decepción para Leibniz). Al igual que Steno, Leibniz adoptó la opinión de que los fósiles eran restos de organismos que vivieron en el pasado. Siendo religioso, Leibniz aceptó (como la mayoría de sus contemporáneos) un lapso de tiempo corto para la existencia de la tierra, como se deduce de una lectura literal del Génesis. También creía en el diluvio de Noé, pero él pensó que era uno de varios, y que cuando las aguas retrocedieron, volvieron a cavernas subterráneas a través de estrechos pasillos, depositando los fósiles. En su opinión, esto explica algunos de los fósiles de conchas marinas incrustadas en las rocas de las altas cumbres. De acuerdo con filósofos antiguos y contemporáneos a él, Leibniz también creía que el fuego tenía una gran importancia en la naturaleza, pero algunas de sus especulaciones sobre el fuego subterráneo tenía una connotación sorprendentemente moderna: “La mayoría cree que hay fuego contenida en este globo, cuya corteza apenas hemos explorado. Los terremotos también pueden indicar claramente que hay túneles de fuego, y los enormes volcanes revelan cavernas llenas de fuego que se extienden a lo largo y ancho”. Sus trabajos no tardaron en llamar la atención de Pedro el Grande. Antes de reunirse con el monarca, Leibniz le escribió estas palabras en 1708: “El verdadero objetivo del estudio es la felicidad humana, en otras palabras, un placer duradero, asequible para tantas personas que les permitiría vivir y tener tiempo de ocio. . . a utilizar sus talentos para practicar la virtud sin pretensiones, para alcanzar un conocimiento de Dios sin mancha y para promover el bien común.” Haciendo a un lado sus agudas observaciones y una pasión por el conocimiento, Leibniz lamentablemente también fue objeto de la credulidad típica de su tiempo. Junto con grabados de amonitas fósiles, dientes de tiburón y esqueletos de peces, en su tratado incluyó un grabado de un unicornio fósil, basado en un descubrimiento anunciado por Otto von Guericke, junto a un grabado de un molar de mamut. Probablemente basado en representaciones de periódicos contemporáneos, el unicornio carecía de las patas traseras. Esta idea ilusoria, sin embargo, es probablemente el primer intento de reconstrucción de un organismo basado en un fósil.
El mismo Leibniz probablemente no se hubiera sorprendido al saber que algunos de sus puntos de vista eran erróneos, pero sin embargo Leibniz profesó una fe en el futuro, afirmando que: “Esta teoría sobre los orígenes y nacimiento del mundo puede ser plausible, e incluso puede contener las semillas de una nueva ciencia llamada geografía natural, pero nosotros nos aventuramos a explorar en lugar de construir. . . . Y aunque los vestigios del mundo en el pasado se ajustan a la apariencia actual de las cosas, nuestros descendientes podrán explicar todo con mayor claridad cuando la curiosidad humana habrá avanzado lo suficiente para describir los tipos de las capas de la tierra y sus clases, que se extienden a través de los distintos territorios.” Nota. Una buena compilación histórica de las Teorías sobre el origen de la Tierra, se encuentra en Pelayo, Asclepio, Vol 48, No 2 (1996).

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lunes, 9 de abril de 2012

La edad de las rocas puede estar mal estimada en algunos casos.

Como resulta de interés no sólo para la comunidad del Centro de Geociencias sino para todos, a continuación transcribo un intercambio de opiniones de los colegas.

Estimados Geoquímicos

Este artículo me llamó la atención. De acuerdo a lo que leí hay variaciones importantes en la razón U238-U235 que cambian algunas estimaciones de rocas antiguas, además de que la vida media del Samario146 es mucho menor (30%) que lo que antes se pensaba, ver:

http://www.newscientist.com/article/dn21644-age-of-oldest-rocks-off-by-millions-of-years.html

http://www.sciencemag.org/content/335/6076/1610

les agradecería sus opiniones.

Ramón
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Hola Ramón

Efectivamente, se han visto desde hace unos 3 años variaciones en la razón del 238U/235U de hasta 5 permil, que tiene dos implicaciones, una instrumental y otra geocronológica. La primera es porque normalmente se usaba esa relación para corregir un factor instrumental llamado "mass-bias" en los espectrómetros de masas, la otra, y creo más importante, es porque típicamente se medía 238U y se asumía que la relación 238U/235U = 137.88 era constante, por lo que se asumía la abundancia de 235U, y, al medir 207Pb (producto del decaimiento radioactivo del 235U), se establecía una edad ligeramente equivocada...
Debido a la llegada en los últimos años de espectrómetros MC-ICPMS como el del Centro de Geociencias, ahora es posible que se midan las relaciones isotópicas con una precisión no antes vista, lo cual permite detectar variaciones donde antes no se podían distinguir.
Los datos nuevos, según yo, tienen implicaciones serias en la geocronología, no sólo desde el punto de vista geocronológico, pero incluso metodológico y no es claro como resolverlas aún.

Saludos

Juan Pablo
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Hola Ramón,


Gracias por las referencias.

Sí estos problemas de alguna manera ya se conocen. Es decir, no sólo los resultados muy interesantes de esos autores, por ejemplo sobre la rel 238U/235U, sino sobre la imprecisión absoluta de las edades. Esto ocurre porque, por ejemplo, las constantes de decaimiento no son tan precisamente establecidas. Por ejemplo la constante de decaimientos de Jaffey et al (1971) tiene un error aproximado de 0.1%. Tanto que, si uno se acerca mucho a la línea de concordia que se usa para representar las edades de U-Pb, esa no es una símple línea, sino una banda, cuyo grosor es ahora más grande que las edades muy precisas que se pueden obtener con algunos de los métodos isotópicos. Quien esté interesado puede por ejemplo leer Mattinson, 2010, Chemical Geology 275, 186-198.
Ahora bien, para lo que se refiere a la composición isotópica de 238/235U, la corrección propuesta por los autores (137.818 en lugar de 137.88) significa una diferencia absoluta del 0.045%. Como se observa de los diagramas de Fig. 2 que Hiess et al reportan (Science, 2012), esto se traduce, para el reloj de 206Pb/238U que es el más útil para edades < 1000 Ma, en una diferencia absoluta de menos de 10 mil años (de hecho menos de 4000 años para zircones fanerozoicos). Considerando que las edades que manejamos nosotros por U-Pb difícilmente tienen un error menor al 1%, estos errores son pequeñeces.

Más significativa es la diferencia, o bien la corrección, de la vida media de 146 Sm. En este caso hay que tomar en cuenta, sin embargo, que este isótopo es lo que se define como un isótopo extinto. Es decir, ese no ocurre en la naturaleza, es un sistema isotópico que se usa para cuestiones de cosmoquímica, principalmente. No hay que confundirlo con el reloj de 147 Sm que decae a 143Nd, que es lo que normalmente usan los geoquímicos isotópicos para obtener relaciones isotópicas de 143/144Nd y eventualmente edades y epsilon Nd.

Saludos

Luigi
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martes, 3 de mayo de 2011

El Petróleo y su origen: Biótico Vs Abiótico

Hola a tod@s

No sé si la conozcan, pero existe una corriente de pensamiento, sobre todo Rusa-Ucraniana, sobre el origen abiótico del petróleo.
No sólo aboga por el origen abiótico sino además aporta argumentos para refutar el orígen biótico en las rocas.
Algo parecido ocurre con la idea de los acuíferos profundos, sobre si es posible su extracción y uso.

Vale la pena leer sobre estos temas, siempre es buena la controversia académica.
Algunas ligas :

An introduction to the modern petroleum science, and to the Russian-Ukrainian theory of deep, abiotic petroleum origins.

J. F. Kenney


http://www.gasresources.net/Introduction.htm

Dismissal of the Claims of a Biological Connection for Natural Petroleum.

J. F. Kenney et al.

http://www.gasresources.net/DisposalBioClaims.htm


Saludos

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miércoles, 3 de noviembre de 2010

El empleo de los elementos de Tierras Raras...y el empleo en Geociencias

Leí una noticia que me llamó mucho la atención y quiero hacerla de su conocimiento, se las resumo a continuación.

Resulta que muchas aplicaciones tecnológicas de última generación dependen de algunos elementos de Tierras Raras (TR) para su manufactura, por ejemplo los discos duros de las PC, las turbinas de viento y los automóviles híbridos.
Lo que muchos desconocíamos es que China controla el ¡ 97% ! de los suministros de TR del mundo.
Esto último vino a la luz después de un bloqueo de envíos de TR de China a Japón, motivado por un problema diplomático a raíz del arresto de unos pescadores chinos por los japoneses. Como Japón se vio en problemas de abasto, están empezando programas de reciclado de TR para poder surtir sus empresas. Lo malo es que parece que las TR recicladas no son tan efectivas como las refinadas originales.
Los EU están tomando nota del asunto porque no les gustaria que China les hiciera lo mismo.

La explotación de TR depende de su refinación, no de que se encuentren en las rocas, pero ésto conlleva varios problemas, sobre todo relacionados con la contaminación derivada de los procesos de refinación.
Creo que es un nicho interesante para ser explotado en nuestro país, y por eso lo hago notar a nuestra comunidad.

Si les merece algún comentario, les agradeceré lo hagan en este espacio.

A continuación algunas ligas pertinentes e interesantes:

http://www.techmetalsresearch.com/what-are-technology-metals/
http://www.bbc.co.uk/news/business-11633929
http://www.bbc.co.uk/news/world-asia-pacific-11584229
http://www.newscientist.com/article/mg20827843.900-will-we-cope-if-the-rare-earths-live-up-to-their-name.html

Podcast: No Data Mining Without Mineral Mining

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domingo, 10 de mayo de 2009

EINSTEIN Y LA REVOLUCIÓN EN CIENCIAS DE LA TIERRA

Por muy amplia que sea la cultura científica
de un investigador, los campos de la Ciencia
no son ilimitados

Debía de correr el año 1964. Tras completar con no pocos apuros el Curso Selectivo, yo acababa de aterrizar en Geológicas de la Complutense

Así que me leí de pe a pa las ideas de Hapgood. Que, en resumen, venían a decir que los casquetes de hielo, al no estar perfectamente centrados respecto al eje de rotación, producían una fuerza centrífuga que terminaba por desplazar toda la corteza terrestre (así, en una pieza) respecto al interior del planeta.

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Debía de correr el año 1964. Tras completar con no pocos apuros el Curso Selectivo, por entonces la puerta obligatoria de acceso a las carreras de Ciencias, yo acababa de aterrizar en Geológicas de la Complutense. Pero aunque el Selectivo estaba diseñado para orientar vocaciones, recuerdo que la mía era una especie de nebulosa, en la que los rechazos habían pesado más que cualquier atracción. En suma, era el prototipo de universitario despistado.

Sin embargo, entusiasmo no me faltaba. Entre los proyectos que me forjé estaba ni más ni menos que el de leerme todos los libros de la biblioteca de la Facultad. Ésta ocupaba un pequeño local con unos 30 asientos, gestionado con autoridad por un paternal conserje que incluso nos orientaba sobre las lecturas más eficaces para mejor lidiar con las manías de los profesores. Pero sobre todo, la biblioteca era una selva llena de misterios científicos. El libre acceso era un sistema entonces desconocido en la Universidad española, de forma que teníamos que conformarnos con mirar los lomos de los libros a través de los cristales de las vitrinas.
No puedo decir por qué comencé mi titánica tarea por el Hapgood. Su lomo, de un verde descolorido, no me parece ahora especialmente atractivo. Su título, en cambio (“La corteza terrestre se desplaza”, 1958), tenía gancho. Me apresuro a aclarar que por aquélla época yo no tenía la menor idea de quién había sido Alfred Wegener, y muchísimo menos de que sus ideas básicas estaban a punto de triunfar en lo que sería el momento cumbre de la historia de la Geología. Pedí el libro con la curiosidad de quien llega a un país desconocido.

En seguida descubrí que Charles H. Hapgood, un oscuro profesor de una escuela de Magisterio del Medio Oeste americano, tenía un as en la manga: el libro estaba prologado ni más ni menos que por Albert Einstein. También se reproducían, además, dos cartas del físico alemán, que respondían a otras del autor pidiéndole orientación (e, indirectamente, apoyo) para sus ideas. Como teórico aspirante a científico, el nombre del sabio de Ulm me deslumbró. Pensé: si Einstein está de acuerdo, esto no puede ser erróneo. No se me ocurrió (no podía ocurrírseme entonces) que por muy amplia que sea la cultura científica de un investigador, los campos de la Ciencia no son ilimitados, sino que están parcelados por espinosas barreras cuya trasposición nos deja inermes, faltos de las claves que nos permiten caminar seguros por nuestra propia especialidad.

Así que me leí de pe a pa las ideas de Hapgood. Que, en resumen, venían a decir que los casquetes de hielo, al no estar perfectamente centrados respecto al eje de rotación, producían una fuerza centrífuga que terminaba por desplazar toda la corteza terrestre (así, en una pieza) respecto al interior del planeta. La principal virtud de esta teoría era la explicación de parte de las anomalías paleoclimáticas;
su más gigantesco escollo, la casi evidente impotencia de la fuerza aducida para explicar la magnitud del efecto propuesto. Vista con la perspectiva actual, esta obra se puede inscribir en los movimientos inquietos que se producen poco antes de un cambio de paradigma: nuevos datos empiezan a chirriar, hasta que su acumulación desemboca en una revolución científica. Pero para que ésta se produzca es necesario que algunos tipos listos sepan buscar una nueva armonía entre los crecientes chirridos, y a Charles Hapgood le faltaban muchos instrumentos.

¿Cuál había sido la actitud de Einstein ante las ideas de éste? Excepcionalmente buena, según declaraba en el preámbulo, donde decía haberse entusiasmado ante la primera carta del geólogo. Calificaba la teoría de original e importante, y agradecía que estuviese expuesta con sencillez. Continuaba con una glosa de sus puntos esenciales, que partían de las evidentes anomalías paleoclimáticas y
se centraban en la propuesta de los desplazamientos centrífugos de la corteza. Esta parte concluía con una frase contundente: “Creo que esta idea sorprendente, y aun fascinante, merece la seria atención de quienquiera que se interese en la teoría del desplazamiento de la Tierra”.

Pero quedaba una reserva. En el último párrafo, Einstein incluía “una observación que se me ha ocurrido mientras escribía estas líneas”, y que “podría comprobarse”: si toda la corteza terrestre se desplazaba movida por la simple asimetría de los casquetes de hielo respecto al eje de rotación, la distribución de las rocas de la corteza debería ser totalmente simétrica respecto al mismo, ya que en caso contrario produciría fuerzas centrífugas mucho mayores que el hielo. Con esta matización, el físico destruía prácticamente la teoría del geólogo, ya que basta con examinar un mapamundi para ver que tal simetría no existe. Por tanto, el apoyo de Einstein a la nueva idea era hasta cierto punto contradictorio, y ahora me hace preguntarme sobre las causas de que el sabio alemán no siguiese su prudente línea de conducta habitual (“sólo pocas veces las ideas que recibo tienen valor científico”). Es arriesgado caminar sobre terrenos desconocidos, pero probablemente en esta etapa final de su vida Einstein estaba fatigado de su largo y vano esfuerzo por encontrar una teoría que unificase la relatividad con las ideas cuánticas y era más propenso a distracciones colaterales.

Al cabo de 41 años, releo el Hapgood (que ya ha pasado al depósito de ejemplares antiguos de la moderna biblioteca de mi Facultad) con evidente nostalgia (mi proyecto de lectura total nunca pasó de este libro) y también con una simpatía algo triste por la suerte del autor. Si hubiese esperado tan solo cinco o seis años, hubiese tenido acceso a los datos que desembocaron en la nueva Geología Global.

Entonces podría haber explicado, a partir de un proceso físico también relativamente simple (la convección térmica del interior terrestre) no sólo las anomalías paleoclimáticas, sino el conjunto de la geología del planeta: desde la historia de los continentes y los océanos hasta la evolución de la vida, pasando por la distribución de los recursos naturales. Algo no tan espectacular como las teorías relativistas, pero igualmente revolucionario.

A pesar de que esta explosión de Ciencia se estaba cociendo ya en mis tiempos de estudiante, yo no pude conocerla hasta años después de acabar mi Licenciatura: mis catedráticos no frecuentaban la biblioteca, y siguieron apegados al dogma de una Tierra inmóvil hasta más allá de lo razonable. Nunca les he perdonado que me hurtasen el momento más candente de la historia de las Ciencias de la Tierra, cuando en las facultades de Geología de todos los países avanzados se celebraban, sobre estas nuevas ideas, acalorados debates que alcanzaban tonos asamblearios de revolución política. ¿Qué habría pensado Albert Einstein de haber vivido esta época? No tengo ninguna duda de que se habría entusiasmado con la Nueva Geología. Porque, como dijo en una ocasión, si él llegó a realizar sus descubrimientos fue porque se atrevió a desafiar un axioma.


Por: Francisco Anguita
Profesor Titular de Paleontología de la Facultad de Ciencias Geológicas
de la Universidad Complutense de Madrid
"14 miradas sobre ALBERT EINSTEIN"

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lunes, 1 de septiembre de 2008

¿Por qué ciencias de la Tierra?

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La Tierra al desnudo. Proyecto OneGeology

¿Imaginas qué aspecto tendría nuestro planeta despojado de todas las plantas, los suelos, el agua y las estructuras hechas por el hombre? OneGeology, el mapa geólógico mundial más grande de la historia, nos lo muestra.

Especialistas en Ciencias de la Tierra y en Computación de 79 naciones, están trabajando juntos en un proyecto global llamado OneGeology (Una Geología) para producir el primer mapa geológico digital del mundo. Este proyecto hace lo mismo que Google con los mapas de la superficie terrestre, pero a nivel de las rocas bajo nuestros pies.

Según Ian Jackson, jefe de operaciones de la Sociedad Geológica Británica y coordinador del proyecto, "los mapas geológicos son herramientas esenciales para identificar recursos naturales como el agua, los hidrocarburos y minerales, así como para organizar planes para reducir riesgos geológicos tales como terremotos, erupciones de los volcanes o emisiones de radón”. Además, existen otros desafíos como “la subida del nivel del mar, la gestión de los residuos (nucleares o domésticos) y el almacenamiento de CO2, para los que el conocimiento de las rocas sobre las cuales todos vivimos se ha vuelto cada vez más importante”. “Compartir dicho conocimiento en un momento de cambio ambiental global es crucial”, concluye.

Las imágenes se hicieron públicas el dia 5 de Agosto durante el 33 Congreso Internacional de Geología, que entre el 5 y el 15 de agosto reúne en Oslo (Noruega) a 6.000 geocientificos de 117 países bajo el lema “geología para la sociedad”.

OneGeology (www.onegeology.org)

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